Doña Reyna comenzó su panadería, haciendo 2 libras de harina de las cuales sacaba un total de 25 reposterías y las vendía a C$ 1.50 córdobas, cuando las ya las tenía hechas, mandaba a sus pequeñas hijas a ofrecerles las reposterías a sus vecinos.
Con el tiempo la demanda de las reposterías fue creciendo, le hacían encargos pero debido a que doña Reyna no contaba con el suficiente capital (en ese entonces
C$ 500.00), ni con las herramientas ideales para la elaboración del pan, ella y su esposo tomaron la decisión de vender su taxi, y con el dinero obtenido dieron a hacer un horno artesanal, compraron sartenes, y por supuesto más cantidades de materia prima.